Louis Vuitton presentó su colección primavera-verano 2013 en la Semana de la Moda de París. Cuando se trata de la marca francesa, nunca se puede esperar sólo una pasarela (aunque las pasarelas simples y sin mayores artificios seguirán teniendo su encanto por siempre).
La tendencia de la firma al espectáculo y la grandilocuencia no es novedad para nadie. Durante el desfile, las modelos bajaban de cuatro escaleras eléctricas, altísimas, instaladas al fondo de una pasarela de grandes cuadros blancos y amarillos, estampados en un piso lustroso. Todo muy amplio, todo en grandes cantidades, pero sin caer en el recargamiento.
Las modelos desfilaban por pares, con la clara intención de que se vieran muy parecidas, como si se tratara de imágenes especulares ligeramente modificadas. Los cuadros fueron el motivo recurrente más notorio del desfile, que estuvo iluminado por las reminiscencias al arte pop y la estética de principios de los 60. Al ver las prendas de la colección, es imposible no pensar en Mary Quant y Twiggy, y un poco en movimiento mod del Londres de mediados del siglo XX. Si se tratara de buscar un tema más general y abstracto, tal vez lo encontraríamos en la simetría.
